Nace la Academia de Cultura Europea

10/05/2019 | Prensa

La Academia de Cultura Europea inicia su actividad de promoción y defensa de los valores de nuestra Cultura como antídoto contra el dogmatismo

  • La Academia de Cultura y su Fundación, iniciativa privada presidida por el empresario Jorge Castellà de Cot, defiende los principios y valores propios de la civilización occidental
  • La Academia une a prestigiosos profesionales y se consagra en proteger el patrimonio Cultural y Espiritual de las Artes, las Letras, las Ciencias y la Tecnología. Asimismo, promoverá conciliar las diferencias en las disposiciones fiscal, laboral o judicial, a fin de igualar el estatus de la ciudadanía en toda Europa
  • La institución dedicará una especial atención al ámbito de la Tecnología, estableciendo códigos éticos que aseguren la libertad, la intimidad y la igualdad de trato, dentro de la indispensable libertad de expresión
  • Con implantación en Barcelona y Madrid, próximamente la M. I. Academia de Cultura Europea hará lo propio en París, Luxemburgo y Bruselas para, más adelante, establecerse en otras capitales

Barcelona, 10 de mayo de 2019. La M.I. Academia de Cultura Europea nace de la experiencia acumulada de más de 25 años de la Fundación de Fomento Europeo AEFE, que ha puesto en evidencia la necesidad de constituir una institución que trabaje en profundidad la Cultura de nuestra vieja/nueva Europa. La Academia de Cultura Europea, asume íntegramente el Ideario de AEFE.

Bajo la presidencia y la experiencia del principal impulsor de esta iniciativa, Jorge Castellà de Cot (en la imagen) -que en su día, hace más de 25 años, ya fue el fundador de AEFE- un grupo de figuras relevantes de diferentes ámbitos profesionales han fundado ante notario la Muy Ilustre Academia de Cultura Europea y la Fundación de la Academia de Cultura Europea.

La Academia de Cultura Europea y su Fundación son instituciones sin ánimo de lucro que postulan “la necesidad de fomentar la cultura en el ámbito europeo propiciando un ideario libre de doctrinas e ideologías cerradas y dogmáticas”. Y lo hacen, en principio, en base a los enunciados acordados en “la Carta de París para una nueva Europa”, tratado firmado en el seno de la OSCE en 1990. Posteriormente, también a la “Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea”, proclamada por el Parlamento Europeo y el Consejo de la Comisión en 7 de diciembre de 2000.

Tratándose de una magna tarea, ambiciosa en el contenido y extensa en la materia, se consideró necesario contar también con una Fundación (Fundación de la Academia de Cultura Europea), institución que apoya e interactúa a la vez que da seguridad jurídica e independencia económica a la citada Academia.

Unificar políticas para construir una Europa igualitaria

La Academia de Cultura Europea y su Fundación nacen como iniciativa cívica destinada a la difusión, proyección y estudio del ámbito cultural europeo, entendido este como un espacio común de reflexión ética en relación al patrimonio, material e inmaterial, que deriva de muchos siglos de intercambio entre unas sociedades que, finalmente, se reconocen a sí mismas a través de los Valores de los Derechos Humanos y Universales, las Libertades Cívicas y las raíces Democráticas.

En este sentido, quiere ofrecer espacios de debate sobre los objetivos de una Europa más libre y participativa, diversa, culta y solidaria, que garantice por igual los derechos de todos los ciudadanos europeos frente a las tentaciones aislacionistas que progresan electoralmente en algunos Estados, dentro y fuera del continente europeo”.

 

  • Declaración de Utilidad Pública

    La Academia y su Fundación cuentan con la Declaración de Utilidad Pública e interés General y asumen tres grandes ejes de acción:

    1.-Proteger el patrimonio cultural y espiritual de Europa desde sus orígenes y evolución, manteniendo las obras del pasado (artes plásticas y escénicas, obras literarias…) y respetando su diversidad y riqueza.

    2.-Potenciar todo cuanto constituye la base y el fundamento de la civilización occidental en sus diversos aspectos y en su extensión mundial.

    3.-Conciliar las diferencias culturales y de toda índole que existen entre los países y pueblos de Europa, (fiscal, laboral, judicial, formación….) a fin de unificar las disposiciones legales para conseguir una Europa igualitaria en paz y progreso.

    La Cultura como símbolo de paz, libertad y progreso

    Las actividades de difusión y proyección de las Artes, las Ciencias, las Letras y la Tecnología que lleve a cabo la Academia -a través de congresos, conferencias, exposiciones, iniciativas docentes, gestión de museos e instituciones culturales, publicación de libros y demás modalidades de intercambio cultural- parten de una creencia arraigada en los miembros fundadores de la Academia: “La Cultura une en la diversidad y es símbolo de paz, libertad y progreso”.

    La Academia se consagra “a conseguir una sociedad europea más culta, abierta, libre, solidaria, fraternal y segura, con mayor calidad de vida y sin distinciones entre ciudadanos”, conectados “a  partir de los valores que nos unen”. “Está en juego el porvenir del viejo-nuevo Continente y la defensa de la Cultura y de los valores de la democracia como signo de nuestra civilización occidental”.

    Mirando el futuro, la Academia promoverá programas de intercambio de estudiantes  y contribuirá, con distintos tipos de becas y ayudas, al desarrollo de estudios e investigaciones en todos los ámbitos relacionados con la Cultura.

    Carencias de los Estados en la Era de la Información

    La Academia se mantiene alerta frente a los peligros que surgen en las sociedades desarrolladas: “Somos conscientes de la imperiosa necesidad de establecer códigos éticos que aseguren la libertad, la intimidad y la igualdad de trato, dentro de la indispensable libertad de expresión y de creación”.

    Los miembros fundadores consideran que “las políticas de los Estados no consiguen suplir las carencias que afloran con la Revolución Digital en la Era de la Información”. Corresponde así a la sociedad civil movilizarse para salvaguardar la cultura europea. “No podemos ni debemos dejar toda iniciativa cultural exclusivamente en manos de los poderes públicos”, se apunta desde la Academia.