«Los Estados Unidos de Europa»: ¿El futuro de la UE?

18/05/2019 | Prensa

“Los Estados Unidos de Europa”, o cómo la Unión Europea puede recuperar el tren de la historia y garantizar su supervivencia

  • El libro “Los  Estados Unidos de Europa. El ciudadano Europeo pide paso”, de los profesores José Daniel Barquero, Félix de la Fuente y Francesc Xavier Altarriba, analiza las razones de tipo social, institucional, político y emocional que explican la “parálisis” del proyecto de integración europea
  • Proponen la creación de unos Estados Unidos de Europa de tipo federal “del que sólo formarían parte los países de la eurozona realmente dispuestos a unirse”. Este paso se daría “vía la cooperación reforzada”, sin necesidad de modificar los tratados de la Unión
  • Los autores, muy críticos con los gobiernos y los partidos de los Estados miembros, denuncian “la falta de una auténtica democracia” y la exclusión de los ciudadanos europeos de un proyecto “en el que han tenido un papel nulo o secundario”

Barcelona, 18 de mayo de 2019. Con las elecciones al Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, el libro “Los Estados Unidos de Europa. El ciudadano europeo pide paso” ahonda en las claves que permiten comprender por qué los europeos han desconectado emocionalmente de un proyecto común de unidad y convivencia que en sus primeras décadas dio pasos de gigante y en la actualidad “avanza a un ritmo lento y agónico que pone en riesgo la propia supervivencia de la Unión Europea”.

De la mano de los profesores José Daniel Barquero, Félix de la Fuente y Francesc Xavier Altarriba, y con prólogo del presidente fundador de las europeístas AEFE y M. I. Academia de Cultura Europea, Jorge Castellà de Cot, la obra analiza “las causas profundas” de tipo social, institucional, político y emocional que se esconden tras esta “parálisis”, al tiempo que propone soluciones “para reconducir a Europa al buen camino antes de que quede descolgada para siempre del tren de la historia”.

Consideran los autores del estudio que la Unión Europea se encuentra ante una crisis existencial, derivada de factores externos e internos, que no se podrá resolver si no es mediante “más y mejor Europa”. Una mayor y mejor integración habría evitado, según esta tesis, que “la lentitud, la indecisión, la rigidez y la insolidaridad” hayan sido las características dominantes en todas las crisis de los últimos años. La UE, sostienen, “está afectada por la falta de una auténtica democracia” puesto que “se está construyendo no sólo sin el ciudadano; ni siquiera para el ciudadano”.

Bajo concepto de lo que significa la ciudadanía europea

“Dar por sentado que la participación del ciudadano europeo debe limitarse a expresar su voto cada cinco años en las elecciones al Parlamento Europeo es tener un bajo concepto de lo que significa la ciudadanía europea y de la importancia que juega o debe jugar la política de la UE en la vida de los ciudadanos”, subrayan.

El estudio -editado por ESERP, con el soporte cultural y científico de AEFE, así como de la Academia de Cultura Europea y de su Fundación- parte de la base de que en el reparto de competencias entre los Gobiernos nacionales y la Unión Europea, “los Gobiernos nacionales están tratando de salvaguardar los intereses de los Estados miembros y no los intereses de los ciudadanos, olvidándose del sujeto fundamental de la política”. Añaden, en esta línea, que “si el principio de subsidiariedad pretende que las decisiones se tomen de la forma más próxima posible al ciudadano, el resultado no puede haber sido más desalentador”, habida cuenta que “el ciudadano se siente cada vez más alejado de la UE al haber sido excluido de un proceso de integración en el que ha tenido un papel nulo o secundario”.

En el caso de España, recuerdan que vivió su ingreso en la UE y los años posteriores como un salto democrático de enorme trascendencia “y si bien ha sido uno de los países más fervientes defensores de la Unión, también ahora está experimentando un cambio de rumbo, decantándose hacia posturas euroescépticas”.

Para revertir esta situación, favorecer un “impulso democrático” y garantizar la supervivencia de la Unión, los profesores Barquero, De la Fuente y Altarriba proponen “crear urgentemente unos Estados Unidos de Europa”, fundados en una educación en valores. En definitiva, “una auténtica federación no de Estados, sino una federación de Ciudadanos”.

Sólo formarían parte de estos Estados Unidos de Europa “los países de la eurozona que estén realmente dispuestos a unirse”. Precisan los autores que este paso puede darse “vía la cooperación reforzada”, sin necesidad de modificar los tratados de la Unión. Así, los países cuyos ciudadanos aprobaran por referéndum participar en esta cooperación reforzada, pasarían a formar parte de los Estados Unidos de Europa, cuyo primer cometido sería adaptar la legislación para abrazar una verdadera unión monetaria, presupuestaria y fiscal, dotada de tesoro público y de un mecanismo de solidaridad financiera.

Un núcleo duro integrado por los seis países fundadores

Esta fórmula daría paso a una Unión Europea a dos velocidades. “Unos Estados Unidos formados en un principio por los países de la zona Euro, que estarían abiertos a los demás, y el resto de los países, que seguirían dentro de un mercado conjunto mientras deciden si se incorporan o no al grupo de la eurozona”. Todo ello con un objetivo: evitar que el ritmo de la integración lo impongan los Estados menos europeístas. “Tiene que existir un núcleo duro que constituya el corazón de la Europa federal”, enfatizan los autores. Este núcleo duro encargado de tomar las riendas de la integración económica, política, ciudadana y de valores estaría integrado, en primer lugar, por los seis países fundadores -Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Países Bajos y Luxemburgo- a los que se unirían España, Portugal, Austria y quizás Polonia.

“Europa no avanza hacia la integración sino hacia la desunión. Dentro de este conglomerado amorfo de 28 países hay una multitud de pequeñas Europas. Una Europa a dos varias velocidades siempre será más gobernable que una Europa a 27 velocidades”, sentencia la tesis.

Abogar por unos Estados Unidos de Europa de tipo federal es, en  palabras de los autores, “abogar necesariamente por una mayor transparencia, una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, una mayor democracia”. Se impone la necesidad, recalcan, de otorgar al Parlamento Europeo y a las instituciones de la UE mayores competencias, pero estas competencias se deben otorgar de forma democrática, es decir, haciendo intervenir al ciudadano, sin que estén controladas o interferidas por los Estados miembros”.

 

Nacionalistas, euroescépticos, populistas y otros peligros

Partiendo de los datos arrojados por las encuestas del eurobarómetro y de un análisis profundo de los tratados de la UE, los autores del libro deducen que la parálisis actual de la UE tiene causas externas -como la crisis económica y los efectos de la globalización- e internas, que tienen su origen “en los propios tratados, en la distribución de competencias entre Estados miembros de la Unión y en la mala calidad democrática tanto de las instituciones de la UE como de los partidos europeos”.

“El enorme y peligroso crecimiento de los partidos de corte xenófobo, euroescéptico, o populista en formato pequeño nacionalismo burgués, junto con las altas cifras de abstención” en las elecciones al Parlamento Europeo de hace cinco años confirman la distancia cada vez mayor del ciudadano europeo respecto a las instituciones comunitarias.

Preocupados por esta deriva,  los autores se muestran muy críticos con el papel desempeñado por los partidos europeos, “que han privado al ciudadano de toda formación e información sobre la Unión Europea”. “A esto -lamentan- se le llama poder absoluto de los partidos. Ni en la enseñanza primaria ni en ninguna otra etapa de su vida, los europeos reciben formación sobre lo que significa una auténtica Unión Europea y los valores que implica”. El concepto de ciudadanía europea “podría ayudarnos a derribar las fronteras mentales, si dejara de ser pura teoría y, en la educación y en la opinión pública, fomentáramos este concepto”.

En su opinión, sería un revulsivo a favor de la Unión que los candidatos hiciesen campaña por todo su territorio, más allá de los Estados Nación, siendo elegidos directamente por los ciudadanos. Así debería ser principalmente con los presidentes de la Comisión, del Consejo de Europa, del Parlamento y de los Comisarios. “Mientras no haya una circunscripción única en toda la UE; mientras no exista la posibilidad de listas transeuropeas a las elecciones al Parlamento Europeo, que escapen al control de cualquier gobierno y de cualquier partido nacional clásico; mientras las condiciones para poderse presentar a las elecciones sean diferentes en cada país, el ciudadano no puede tener la impresión de que está en una verdadera Unión, no puede sentirse europeo”, se concluye.

Más interés en las mercancías que en las personas

La Unión, tal como está concebida, es un “apéndice” de los Estados miembros. Y las competencias de la Unión “son los residuos de poder que los gobiernos de los Estados miembros han tenido a bien otorgarle”. Por si ello fuera poco, las sucesivas ampliaciones, “que se han hecho sin consultar al ciudadano, están poniendo en peligro la construcción europea, pues nos hemos olvidado de reforzar los cimientos democráticos”.

Denuncian los profesores Barquero, De la Fuente y Altarriba que “se ha puesto mucho más interés en crear un gran mercado que en lograr una gran Unión y las mercancías han primado sobre las personas”. “En realidad –evidencian- no debían haber ingresado en la UE los Estados miembros que solamente querían permanecer en una comunidad económica, pues está bien claro en los Tratados que la Comunidad Económica Europea era un estadio intermedio”.

Censuran, en este contexto, el “sentido mercantilista” de muchos políticos europeos “que únicamente han mirado a la ampliación sin preocuparse de la profundización de la UE y de exigir previamente al ingreso de cualquier Estado en la UE el compromiso serio de llegar hasta la total integración”.

“La idea de un mercado de enormes magnitudes ha prevalecido por encima de la idea de una auténtica comunidad de ciudadanos que primaran los verdaderos valores humanos: la igualdad, la formación, la erradicación de la miseria y de la pobreza, la no-discriminación, el respeto a los derechos humanos, el espíritu de unión en lugar del espíritu nacional”, resaltan.

Un Parlamento Europeo cautivo de los países y de los partidos

En cuanto al papel del Parlamento Europeo, que debería ser el motor de este proceso unificador y que en teoría es el representante directo de los ciudadanos de la UE, “no solamente está cautivo de las decisiones de los Estados miembros, sino también de los propios partidos nacionales, que son los que eligen los candidatos a las listas de las elecciones y los que dirigen telemáticamente las votaciones en el Parlamento Europeo”. “Un Parlamento Europeo que ni siquiera puede decidir su propio sistema de elección es la mejor expresión de su cautividad frente al Consejo, que tiene que dar su conformidad por unanimidad, es decir, una conformidad que cualquier Estado miembro puede bloquear”.

Los autores advierten del “gravísimo problema interno” que representan los nacionalismos: “Defender principios nacionalistas y pretender adherirse a la UE o que la UE les abra sus brazos es simplemente pretender destruir la Unión desde dentro”. Pero la crítica va aún más allá ya que, avisan, “los nacionalismos de Estado, y no sólo el de las regiones, están campando a sus anchas ante la pasividad de las instituciones europeas y del mismo Parlamento Europeo”.

Una Europa sin ejes vertebradores

Otro factor alarmante es que la Europa de los 27 (una vez se consume el Brexit) adolece de importantes ejes vertebradores en los campos de la defensa y seguridad, la economía y fiscalidad, la política exterior, la política cultural y comunicativa, la justicia, la salud y el bienestar social y la industria y el comercio. El mismo euro como moneda, buque insignia de la UE, “genera, como daño colateral, no pocos problemas en algunos países que lo tienen como moneda”.

En el terreno socio-laboral, el libro previene de que la guerra comercial y laboral que se está librando a nivel mundial puede acabar con el ala social del edificio de la Unión: “Y si se nos cae el ala social, que era lo más característico y lo más básico de la UE, se nos puede hundir para siempre la Unión”.

El hecho de que la Unión Europea constituya un gran mercado “no quiere decir que esté por ese solo hecho en condiciones de competir con los mercados emergentes”. Se afirma en el ensayo que la Unión no podrá competir con los países emergentes bajando los sueldos, “sino a base de tecnología y de formación”.

 

NOTA: Las opiniones expresadas en este documento son las de los conferenciantes y no reflejan necesariamente las de la M. I. Academia de Cultura Europea.